Vaya nochecita, y eso que como comenté en la primera entrega de estas memorias me habían asignado al dormitorio VIP e iba medio anestesiado por el cansancio del día y la copita después de la copiosa cena. Pues entre que no estaba acostumbrao a dormir en el saco (y que los de momia son incómodos de cojones) y el sólo de viento que interpretó un cabronazo apenas pegué ojo en toda la noche (lo de los ronquidos tuvo su guasa, porque cuando pensaba que era el único que estaba despierto, empecé a oír risas entre la guasa y desesperación por el concierto, incluso el típico chistar "teack teack teack..."). Para empezar nos acostamos a eso de las 22:30, pues hasta eran las 00:30 y no me había dormido todavía, después por culpa del calor de saco me desperté a las 02:20 y no me volví a dormir hasta las por lo menos las 04:00, y eso para que el trajín de la gente levantándose me despertara a las 05:30... total una nochecita de infierno.
A las 07:30, estaba ya duchadito, con la mochila hecha y desayunando junto con Pablo bizcocho de manzana y kiwi (riquísimo y cremoso todavía) mientras esperábamos a David, Maite y Juan Carlos para iniciar la marcha (aquí posan junto a Pablo en la salida de O Cebreiro). Antes de completar la hora desde que salimos, nos cruzamos con Yolanda (en adelante Yoly) y siguieron con nosotros; este fue el principio de una grata compañía que duró hasta mi llegada a Santiago de Compostela ya que nos fuimos cruzando y compartiendo camino a partir de ese momento.
Al final Maite y Juan Carlos nos abandonaron porque llevábamos un paso algo cansino porque Yoly estaba con tirones en la ingle fruto de etapas anteriores y Pablo se adaptaba a sus paso para hacerle compañía, así que David y yo nos adelantamos hacia Triacastela con tan mal tino que vimos alguna indicación y acabamos haciendo 4 kilómetros de propina, cuando encontramos de nuevo el camino aceleramos al máximo jugándonos los tobillos (estaba muy mal ese trozo de camino) y alcanzamos a Pablo y Yoly a unos cuatro Km de Triacastela. Todos juntos seguimos hacia este pueblo y a unos 2 km nos encontramos a Maite y Juan Carlos devorando unos bocadillos, nos paramos un ratito con ellos y seguimos hasta Triacastela donde Yoly pensaba quedarse. Al llegar no quedaban plazas en el albergue público y mientras decíamos que hacer, si pagar un privado o seguir, aprovechamos para comer que ya eran las 16:30 de la tarde.
En esos momentos estaba bastante jodido, porque quería pasar la noche en Samos y llevábamos un ritmo de pena, Yoly consciente que ella iba frenada nos había insistido para que fuésemos a nuestro ritmo, pero ni David ni Pablo parecían muy dispuestos a dejarla sóla e incluso yo, a esas alturas prefería acabar la etapa con ellos, pero al final me puse cabezón de más, hosco y orgulloso y como un niño mimado (con el ceño fruncido en plan pataleta) dije que yo tiraba hasta Samos. No se porqué, pero se vinieron conmigo, algo que no les agradeceré lo suficiente nunca, porque a mitad de camino estaban machados y cuando vimos Samos los pobres tenían estas caras. Durante el camino había tenido que esperarlos muchas veces, pero ya teníamos que llegar porque estábamos en medio de ninguna parte, sobre todo cuando dejamos la carretera por la que seguía parte del camino y nos metimos en un bosque precioso que no disfrutamos porque se nos hacía de noche.
Al final llegamos al albergue (un tanto espartano donde por suerte quedaban plazas libres) a las 21:30, habiendo tardado más de 4 horas para hacer 9 km y todos doloridos, ellos físicamente y yo anímicamente porque por un capricho mio estaban en ese estado, estaba claro que no podía seguir así y debía aprovechar el camino para empezar a cambiar las malas actitudes que tengo. En eso estuve pensando mientras me duchaba, cenábamos en el único restaurante que quedaba abierto, antes de dormirme, mientras desayunaba al día siguiente e incluso ahora. Por lo menos, esperaba que el día siguiente fuese mejor.



