En cuanto subí el post "El comienzo", me cargué la mochila a la espalda, la cámara, y me fui a la estación de autobuses (vamos que crucé la calle). Me acerqué a la ventanilla de Alsa y pregunté por el andén de salida del autobús, me permití el lujo de comprar una botella de agua para el viaje ya que iba "sobrao" de tiempo y me subí al autobús que me llevaría a Piedrafita de Ocebreiro (mi suerte con los compañeros de autobús no varió y me tocó una heavy pasada de kilos con pésimo olor corporal y peor actitud, vamos que además de "esabria" apestaba), a mitad de camino, más o menos, me esperaba Pablo, amigo y compañero de aventura, que cogería el autobus en Tordesillas.
Al poco de salir de Madrid recibí una llamada de Pablo para preguntarme si había sitios libres en el autobús, que no tenía billete, porque la estación de Tordesillas estaba cerrada, y tendría que comprarlo en el autobús... ¡¡ NO ME JODAS. NO LO HABÍA COMPRADO POR INTERNET!!
Con los dedos cruzados y rezando (durante todo el periplo hasta regresar definitivamente a Madrid mis rezos no sirvieron para nada) seguí viaje camino a Tordesillas, donde subieron unos cuantos viajeros, y Pablo tras hablar con el conductor me llamó al móvil y me dijo que tendría que seguirnos con su coche porque no había plazas libres... empezamos bien si señor.
Tras casi cuatro horas más de viaje llegamos a Piedrafita, bajo del autobús lo más rápido que puedo y descargo la mochila; Pablo mientras tanto busca donde aparcar el coche y, cuando vuelve cargado con la mochila, pone en mi conocimiento que llevábamos un suicida como conductor, en serio, la descripción de las lobadas que Pablo le vió hacer consigue que se me ericen los pelos de la nuca. Una vez afianzadas las mochilas a las espaldas empezamos la subida que nos llevará desde el pueblo al alto del puerto de O Cebreiro donde nos el albergue y una pintoresca aldea que por cierto estaba en fiestas.
Tras una hora y poco de subida agotadora (porque es muy pronunciada y el sol cayéndonos a plomo por ser sobre las 17:00) llegamos al albergue, sellamos la credencial y nos alojaron; a mi me tocó en el dormitorio de arriba que tenía camas individuales en vez de literas, y conocí a Maite y Juan Carlos, los "Quechua" que se convirteron en compañeros de un par de etapas, y a David con el que hice caminé casi todos los días hasta Santiago donde nos fuimos de fiesta con el grupo con el que finalizamos el peregrinaje.
Pablo y yo salimosa dar una vuelta por el pueblo, donde disparé indiscriminadamente mi cámara, compramos bizcocho para desayunar al día siguiente (y para disfrutar mientras paseábamos) y a la hora de cenar, lo hicimos junto a nuestros nuevos compañeros a base de churrasco de ternera, chorizillos criollos y pulpo, para después tras tomar una copita nos fuimos a la cama que había que madrugar.
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